Racismo y discriminación: cómo es ser afrodescendiente en América Latina

La Paz,
23 Jul. (Prensa Jorge Medina).- El proceso de colonización europea y el
mestizaje forzado determinó el destino de la población afrodescendiente en
América Latina y El Caribe. La experiencia de este grupo étnico continúa
determinándose por el proceso colonizador, considerados como una “raza”
inferior intelectual, moral y espiritualmente al haber sido un grupo
esclavizado, motivo por el que aún cuentan con menor estima y estatus social.
Así lo afirma la socióloga y doctora en ciencias sociales Esther Pineda G en su
nuevo libro Racismo, estigma y vida cotidiana: ser afrodescendiente en América
Latina y El Caribe, publicado por Acercándonos Ediciones en Argentina.

Este
libro, que es el resultado de una investigación postdoctoral de la autora,
explica que si bien es cierto que la discriminación racial en América Latina no
posee un carácter explícito como en los Estados Unidos —experiencia inmediata
más cercana de segregacionismo—, esto no significa que esté exenta de este
flagelo. «Las relaciones de dominación en la región se han transformado en
relaciones cada vez más sutiles e indirectas; lo cual ha favorecido la
invisibilización y negación del racismo, y por tanto, ha contribuido al
mantenimiento y perpetuación de esta forma de discriminación».

En
América Latina y El Caribe —pese a las particularidades e idiosincrasia de cada
país— es posible encontrar significativas similitudes en lo que refiere a la
manifestación del racismo. Por una parte, esta forma de discriminación se
expresa en un intento por presentar las sociedades latinoamericanas y caribeñas
como blancas, europeas, lo cual necesariamente implica la exclusión de lo
afrodescendiente y su aniquilamiento simbólico. Un ejemplo de ello son las
declaraciones del presidente argentino Mauricio Macri durante la pasada
conferencia de prensa del Foro Económico Mundial en Davos, quien señaló: “Yo
creo que la asociación entre el Mercosur y la Unión Europea es natural porque
en Sudamérica todos somos descendientes de europeos”.

Por
otra parte, el racismo en América Latina y El Caribe se manifiesta como un
estigma, es decir, como desprecio del otro, mediante su descalificación,
exclusión y subordinación en diversos espacios y procesos interactivos sobre la
base de su origen étnico. Esta discriminación racial se realiza en las
distintas situaciones, escenarios y procesos interactivos en los cuales
participan los afrodescendientes como los espacios públicos, el ámbito
educativo y laboral, la política, los medios de comunicación, los órganos de
justicia, pero también en el ámbito familiar y de la sexualidad.


El
libro cuenta con los testimonios de 160 personas afrodescendientes de
Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México,
Panamá, Puerto Rico, República Dominicana, Uruguay y Venezuela, con los cuales
la experta pudo constatar que el racismo se manifiesta en toda la región
mediante «preguntas incisivas sobre su origen, la desconfianza en los
espacios públicos pero también privados, burlas y descalificación del color de
su piel, herencia étnica y aspecto físico, la puesta bajo sospecha y requisas
injustificadas por parte de los órganos de seguridad, la folklorización,
trivialización y ridiculización de su cultura, exclusión de la conformación de
grupos sociales, ya sea para juegos, actividades escolares o extracurriculares,
laborales, entre otras, trato diferenciado a lo interno del grupo familiar, y
dificultades para el establecimiento de relaciones afectivas ya sean de
carácter interracial o endorraciales».

Pineda
también refiere que una de las particularidades del racismo latinoamericano y
caribeño es que al no desarrollarse de forma explícita e instrumentalizarse a
través del lenguaje, los chistes, los refranes, los apodos, la evitación, la
duda, la sospecha, la condescendencia, el cuestionamiento, la omisión, la
invisibilización, la desatención, la postergación, entre otras prácticas
naturalizadas y cotidianizadas, se crean las condiciones para que este tipo de
discriminación se realice con total impunidad.

Este
libro, además de denunciar y visibilizar el racismo y sus manifestaciones en
los diferentes ámbitos de la vida cotidiana de los afrodescendientes, también
aborda las consecuencias y reacciones de las personas discriminadas ante este
racismo, pues según la experta «cuando alguien es discriminado por su
pertenencia étnica, sea de forma explícita o solapada, esto tiene un impacto
social, económico, político y cultural, pero también en la subjetividad de
quien lo experimenta; es decir, el racismo tiene efectos psicosociales».

Muchos
afrodescendientes afirman experimentar distintos efectos y estados
psicoemocionales, algunos a corto plazo, mientras que otros persisten a mediano
y largo plazo; entre ellos es posible considerar: estrés, inseguridad,
ansiedad, aislamiento, desconfianza, sensación de no pertenecer, dificultades y
temor de hablar en público, minimización de la presencia, depresión,
infravaloración personal y de su grupo social, el desarrollo de una
personalidad retraída, extrovertida y solitaria; síndrome de pánico ante
situaciones de interacción o evaluación social, la vulneración y
resquebrajamiento de la identidad, la internalización de las ideas de
inferioridad y la hipersexualización, y, en casos extremos, el suicidio.


No
obstante, ante la ocurrencia de la discriminación racial, los afrodescendientes
asumen distintas posturas, ya sea para evadir o enfrentar el racismo, entre
estas es posible identificar: el autorreconocimiento étnico, el endorracismo,
la incorporación a los movimientos sociales o la profesionalización del
estigma, es decir, hacer uso de sus conocimientos, formación y experiencia para
contribuir a desarticular, erradicar o al menos minimizar la discriminación
racial y el estima.

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