OEA declara la Primera Semana Interamericana de los Afrodescendientes


La
Paz, 29 Mar. (Prensa Jorge Medina).- La Organización de Estados Americanos
(OEA) declaró esta semana, del 25 al 31 de marzo, como la Primera Semana
Interamericana de los Afrodescendientes, con el objetivo de generar un mayor
entendimiento del significado de la esclavitud y la trata de esclavos y sus
consecuencias en la vida de las personas de tez negra.

Esta
conmemoración busca también reconocer los importantes aportes de las personas
afrodescendientes a la vida política, económica, cultural y social de la
región.

En
el caso particular de Bolivia, el exdiputado y representante del pueblo
afroboliviano, Jorge Medina, destacó la inclusión social, política, cultural y
económica que ha tenido la comunidad negra a partir de la asunción al poder del
presidente Evo Morales.

“Son
varios los aportes y reivindicaciones que se han logrado desde el 2006. La Ley contra
el Racismo, la declaratoria del Día del Pueblo Afroboliviano, la ocupación de
espacios de poder, son sólo algunos de los grandes avances que se han tenido a
favor del pueblo afroboliviano, que además está incluido en varios artículos de la Constitución”, destacó Medina.

El
objetivo de esta semana, además, es avanzar en el Plan de Acción del Decenio de
las y los Afrodescendientes en las Américas (2016-2025), que prioriza en qué
áreas hay que poner atención para promover el reconocimiento, la justicia y el
desarrollo de los pueblos afrodescendientes, y así ojalá revertir las brechas
de acceso a sus derechos que aún persisten

Según
datos de UNICEF para la región, existen unos 200 millones de afrodescendientes
a lo largo y ancho de todo el continente, un estimado del 30% de la población
total, de los cuales cerca de la mitad son niños, niñas y adolescentes menores
de 18 años. 

Si
los 200 millones de afrodescendientes en las Américas fueran un país, serían 53
veces el tamaño de Panamá, 19 veces el tamaño de la República Dominicana, 10
veces el tamaño de Chile.

El
hecho es, sin embargo, que, a pesar del crecimiento económico que experimentó
la región en las últimas décadas, se estima que las personas afrodescendientes
continúan experimentando niveles desproporcionados de pobreza, exclusión social
y discriminación en todos los niveles.

Como
consecuencia del racismo y la discriminación, el 90% de las poblaciones
afrodescendientes en los países de la región viven en pobreza y pobreza
extrema, aproximadamente 70-80% de ellos ganan menos de 2 dólares por día, y en
muchos casos no gozan de acceso universal a los servicios de salud, educación,
vivienda y agua potable. 

Con
frecuencia también enfrentan mayores dificultades para entrar y permanecer en
el mercado laboral, y ganan salarios inferiores a la media. Por ejemplo, el
desempleo afecta significativamente a estas poblaciones mientras que la gran
mayoría de los ocupados afrodescendientes se encuentra en sectores de baja
productividad y calificación.

Las
poblaciones afrodescendientes enfrentan igualmente barreras para acceder a sus
derechos políticos. Aunque son incluidos como votantes, tienen usualmente
limitadas posibilidades de competir para ser electos por, entre otras razones,
estar abrumadoramente en los estratos socioeconómicos de bajos ingresos.

En
2013, fecha para la que se cuenta con los datos comparativos más actualizados,
su representación en espacios de toma de decisiones políticas dista mucho de lo
ideal. En Brasil, por ejemplo, solo 8.60% del total de legisladores eran
afrodescendientes en un país donde este grupo representa el 50.9% de la
población.

En
Colombia, donde los afrodescendientes representan el 10.5% del total de la población,
su representación parlamentaria apenas llegaba al 4.60%. En Costa Rica, con
7.8% de población afrodescendiente, en 2013 no había ningún legislador con este
origen.

En
Venezuela, con 53.4% de la población de origen afrodescendiente, apenas 2.40%
de la Asamblea Nacional eran personas afrodescendientes. Mientras que por un
lado es importante considerar medidas de acción afirmativa que permitan nivelar
el piso para la participación de las personas afrodescendientes en política, es
igualmente vital atender los problemas estructurales que causan la exclusión.

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