Diputado Medina: En Bolivia hay discriminación muy solapada

Entrevista a Jorge Medina en el suplemento «Animal Político» del periódico La Razón, publicado el 22 de septiembre de 2013.

Por: Rubén D. Atahuichi López

La Paz, 24 Sep. (Tomado del suplemento «Animal Político» del periódico La Razón).- Debe ser uno de los diputados más carismáticos de la Asamblea Legislativa Plurinacional. A la cita llega haciendo ruido y provoca al fotógrafo, que dispara una y otra vez los flashes. Jorge Medina Barra toma asiento en un café y trata con amabilidad a una de las meseras. Se ofrece pagar la cuenta y dice que esta escena era impensable hace años.
 
 Legislador por el Movimiento Al Socialismo (MAS), considera que su comunidad aún sufre discriminación, de manera “solapada”. Su pueblo está de fiesta, es el mes de la afrobolivianidad, cuyo objetivo es visibilizar su cultura y promover la lucha contra la discriminación.
 
 — ¿Negro, moreno, de color o afroboliviano?
 — Afroboliviano. Negro, culturalmente, está bien dicho, mientras sea dicho con respeto y no como negro de… o un adjetivo discriminador. Afroboliviano es por la identidad de nuestras raíces africanas; pero nosotros somos tan bolivianos como cualquier otro ciudadano boliviano.
 
 — ¿Por qué no moreno?
 — Es un término despectivo que utilizaron para dominarnos. Es como zambo, mulato… Incluso cuando los negros se mezclaban con aymaras, a los hijos les decían ch’oqerata (a medio cocer). Yo prefiero que me llamen afroboliviano o negro.
 
— “A mí no me digan afro. Yo soy negra”, solía decir Martina Barra en Chicaloma…
 — Lo que pasa es que el término afro lo adoptamos desde los años 90. Siempre nos hemos considerado negros. Hay dos tipos de afro: el afrodescendiente no tiene frontera (puedo estar en Brasil, Perú o Ecuador, soy un brasileño, un peruano o un ecuatoriano más) y el afroboliviano es por la identidad nacional.
 
 — Negro no está mal dicho.
 — Siempre que no lo digan como un adjetivo despectivo.
 
 — Como “día negro”.
 — Eso es insulto. O como decir “la oveja negra” de la familia. Hay varios términos, como cuando a alguien le va en su negocio, dice: “hoy me fue mal, como negocio de negro”. O “he trabajado como negro para vivir como blanco”…
 
 — ¿Qué sabe de los ancestros de Medina?
 — Mis abuelos vienen del África. Hay alguna confusión, se cree que algunos vienen del Congo o de distintas lenguas, como el suajili o el bantú. Los sacaron de diversos lugares para esclavizarlos. En América Latina, el único país en que los negros tienen su propio idioma es Cuba.
Hay que hacer un estudio, no se ha hecho un árbol genealógico. Mis bisabuelos ya nacieron en Bolivia, fueron esclavizados; mis abuelos vivieron en los Yungas. Mis ancestros se estaban muriendo por el clima en Potosí, donde acuñaban monedas. Los patrones, que vendían negros, estaban perdiendo su negocio.
Ya en los Yungas, no he conocido a mis abuelos, me dejaron cuando era niño. Pero ellos crecieron en casa de hacienda, con los patrones hasta la reforma agraria.
 
 — ¿Cuántos afrobolivianos hay?
 — Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), somos 16.329 (creo que no me contaron, sino seríamos 16.330). Yo considero que somos más, pero hay que tomar en cuenta el mestizaje.
 Muchos mestizos de papá afro y mamá aymara, y viceversa, no se consideran negros, aunque si salen a la calle, la sociedad les dice “negros”. Es complicado, muchos de ellos no se han identificado como tal.
 
 — ¿Hay riesgo de que desaparezcan en el tiempo?
 — Es un riesgo, se ha dado un proceso muy fuerte desde la década del 80 con estos matrimonios mixtos. Pero, debido a las características, es difícil que perdamos las características negras, como los labios negros o los cabellos ondulados. “El que no tiene de inga, tiene de mandinga”, dicen.Hay un peligro.
 
 — De las minas a los viñedos y los cocales. ¿Hay más negros en Yungas?
 — Sí, el 60% está en los Yungas y el 40% ha migrado, sobre todo jóvenes. Las ciudades con más afros son Santa Cruz, La Paz y Cochabamba. Estamos en todas las ciudades y provincias, pero no en la cantidad que hay en Santa Cruz.
 A finales de la década de los 80 se dio una masiva migración, la juventud de las promociones tenía ganas de superarse. Al llegar a La Paz, hay que pagar agua, luz, alquiler, transporte… no daban los recursos. Se debía tomar la decisión de estudiar o trabajar. O el clima.
Por eso la mayoría toma a La Paz y Cochabamba como tránsito para llegar a Santa Cruz, donde era mucho más fácil encontrar trabajo que La Paz y Cochabamba. Teníamos el clima a favor y allí nos confunden con cubanos, brasileños o ecuatorianos. Así era mucho más fácil conseguir trabajo.
 
 — ¿Qué cambió en el país para que Jorge Medina sea diputado?
 — La presencia del presidente Evo Morales ha sido fundamental, porque los pueblos indígenas y afrobolivianos siempre hemos buscado una oportunidad. Había discriminación por ser indígena o negro, nos consideraban incapaces.
 Ha sido fundamental este proceso de cambio.
 Soy diputado después de una trayectoria de más de 20 años de lucha. Llegué a finales de 1988, bachiller, con ganas de seguir estudiando o ser profesional. Migramos masivamente de los Yungas a La Paz.
 Ahora, los afros pueden caminar tranquilos de la San Francisco a la Plaza del Estudiante, nosotros no pudimos en esa época. Era “suerte negrito”, te hacían una ronda, nos quedábamos en el medio y los chicos del colegio se peleaban entre ellos por decir quién nos vio primero. Terminaban peleando y pellizcándose.
 No había eso en los Yungas, donde convivíamos con los indígenas. Era una presión muy fuerte.
 Cuando uno salía temprano a comprarse ropa, la señora se persignaba, decía que era su primera venta, y guardaba el dinero. “Este día me va a ir bien”, señalaba. Como aquel vecino que al salir de su casa te veía y se hacía la señal de la cruz.
 Así, nos propusimos formar una organización y fundamos el Movimiento Cultura Saya Afroboliviano (Mocusabol), liderado por mujeres. Luego fui presidente de esta organización y después director del Centro Afroboliviano para el Desarrollo Integral y Comunitario (CADIC).
 Estuvimos en el proceso del prediálogo y la Asamblea Constituyente. Allí tuvimos discriminación muy fuerte. Cuando llegamos, nos dijeron que sólo éramos “una cosa de diez”. Ah, no, pues, dije que llenemos de negritud el colegio Junín (la sede de las sesiones en Sucre). Invitamos a los hermanos de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, y éramos 500.
 Tocamos los tambores, entramos a los pasillos y dijimos: “Si no nos escuchan, no los vamos a dejar trabajar”. A ritmo de saya. Lo interesante fue que muchos constituyentes no conocían el ritmo, dejaron sus sesiones y fueron con nosotros. Mientras tocaban mis hermanos, yo negociaba y acordaba reuniones.
 Tuvimos que hacer un concierto en Sucre para demostrar que tenemos cultura.
 Un día hubo enfrentamiento con palos, piedras… Salíamos del colegio Junín y nos metimos en medio tocando la saya. ¿Pueden creerme que la gente empezó a soltar las piedras y los palos? Se mezclaron y empezamos a bailar hasta la plaza. Entonces era alcaldesa Aydée Nava, y nos hicieron un reconocimiento por pacificar y hacer nuestras manifestaciones con los tambores.
 No hacíamos trancaderas, usábamos un solo carril y repartíamos alegría. Decíamos que somos bolivianos, hasta que (agradezco a los medios) mientras nosotros pedíamos inclusión, los de Sucre peleaban por la capitalía. Nos apoyábamos, pero nos decían que acaparábamos la prensa.Necesitábamos de alguien, hasta que logramos ser parte del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (Conamaq) y del Pacto de Unidad.
 
 — ¿Ha cambiado la realidad de los afros desde esa vez?
 — Bastante para el pueblo afroboliviano. No sólo la presencia de Jorge Medina en la Asamblea Legislativa, sino el activismo del pueblo afroboliviano. Ahora podemos caminar tranquilamente por las calles. Hay uno y otro que se pellizca, pero lo hace de una forma bien disimulada: espera que pases primero y lo hace casi oculto.
Pero nosotros respondíamos con agresión: “Esto es ‘suerte negrito’, ¡toma!”. Hemos pegado policías y personas mayores porque se hacían la burla de nosotros. Los policías nunca nos daban la razón.
 
 — No se siente tanto esa discriminación en Bolivia…
 — En Bolivia sí se siente, lo que pasa es que es una discriminación muy solapada: Negrito, te quiero, pero para qué y dónde. Por ejemplo, cuando íbamos a jugar fútbol, nos trataban bien; pero cuando el lunes nos encontrábamos con quienes nos llevaban a jugar fútbol, se pasaban por nuestro lado. Pero, el sábado, “hermanito”.
 
 — ¿Consiguieron consumar sus derechos políticos?
 — Sí. La Constitución reconoce los derechos de todos los pueblos. Sin embargo, hay que trabajar más, estoy consciente de que el pueblo afroboliviano, no en su totalidad, no conoce sus derechos, quizás por toda es esclavitud directa o indirecta que sufrió. Muchos hermanos piensan que cuando los maltratan es normal, no se sienten ofendidos.
 
 — ¿Qué hay que hacer?
 — Mucha concientización, hay que levantar la autoestima de los afrobolivianos, hay que trabajar en los servicios básicos, con relación a la extrema pobreza.Pero, el hecho de estar aquí con un periodista es un logro que antes no se daba. Tampoco podíamos estar en eventos importantes siendo diputados. Recuerdo que para entrar a un lugar como éste (café Alexander de El Prado), nos daban el precio antes de saber si teníamos o no para pagar. Ha cambiado bastante.
 
 — Y para que no sigan pellizcándose quienes los ven.
 — Sí, pero el 90% (de la discriminación) bajó. Era difícil, no podías caminar tranquilo, todo era “suerte” y hasta sexualmente uno se sentía utilizado por sus dotes, que los negros curan el reumatismo o que las mujeres negras son ardientes. No miraban a una negra como mujer, sino como objeto sexual. (…)
 
 — Este lunes es Día de la Afrobolivianidad…
 — Se recuerda el día del pueblo y la cultura afrobolivianos. Había que poner una fecha: el 23 de septiembre de 1851 el presidente Isidoro Belzu abolió la esclavitud.
 
 — Ah, con razón todas las sayas comienzan con “Isidoro Belzu, bandera ganó…”
 — Sí, es una forma de agradecerle eso. Pero del discurso al hecho… Por eso decimos “Isidoro Belzu, bandera ganó, ganó la bandera del altar mayor”.
 
 — ¿Sabe conscientemente la negritud de esto?
 — Los jóvenes mayores y los mayores, sí, pero los de la nueva generación suponen que la saya tiene que empezar así. Otros no cantan.
 
 — Le he interrumpido…
 — Dijimos que septiembre es el mes de la afrobolivianidad. Desde 2011 festejamos todo el mes.

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